sos

“SOS” podía leerse en el cristal del restaurante. Un mensaje escrito a dedo en el vaho de la ventana que ya empezaba a escurrirse. En la calle un joven apoyado en su paraguas se había detenido frente al escaparate encontrándose con la cara de la camarera, que también lo observaba desde el interior del local. Ambos miraban extrañados el código. El joven se decidió a entrar y se sentó en la mesa que en ese momento limpiaba ella bajo la cristalera.

—Disculpe un momento que recoja todo esto y limpie el cristal —dijo desde el sillón al otro lado de la mesa.

—No, espere, ¿sabe por curiosidad quién estaba sentado aquí?

—¿Lo dice por el letrero?, la verdad que no me he dado cuenta hasta ahora.

—Sí, me ha llamado la atención y he entrado a preguntar, podría ser importante.

—¿Es usted policía?

—¡Qué va!, solo un ciudadano preocupado. Pasan muchas cosas a diario que podríamos evitar. ¿Me pone un café solo, por favor?

—Ahora mismo.

La camarera volvió unos minutos después con el pedido.

—Entonces, ¿quiénes se han sentado en esta mesa durante la última hora ? el mensaje no parece que lleve más tiempo…
—Hace justamente una hora que he empezado mi turno y ese mensaje no estaba ahí entonces, lo hubiera limpiado. Pues mire cuando llegué había una chica con un cuaderno, escribía aquí sentada —señaló el sillón de la derecha—, miraba melancólica los árboles de aquél parque, buscaría inspiración… Después de eso vino una mujer con un niño bastante travieso, no paraba quieto, hasta pintó el sofá, mire —señaló unas marcas azules—, tenía a la madre desesperada, no me extraña. Y los últimos, una pareja que acaba de irse. Ella sonrió al verlo entrar, porque no llegaron juntos ¿sabe usted? y el traía una rosa, parecía una de esas citas a ciegas… no sé como resultaría la cosa, nunca se sabe, ¿no cree? ¿Desea algo más?

—No, muchas gracias.

Sentado a la mesa empezó a ordenar todas las pesquisas en su cabeza. Observó el cristal, la mesa y los dos sillones largos enfrentados, era el mobiliario del bar. Lo primero en que se fijó fue la posición del mensaje. Para haberlo escrito era necesario estar en el sillón de la izquierda donde quedaba situado más cerca. Lo que descartaba a la escritora colocada en el de la derecha, según indicó la camarera. Por otro lado, el niño sentado a la izquierda podía ser el autor, de haber sabido escribir y lo que significaba el símbolo universal de socorro. Por lo que descartó estas dos historias, centrándose en la de la pareja.
Posicionaba a la chica a la izquierda ya que llegó primero y tenía la vista de la puerta de entrada. Le interesaba averiguar alguna cosa más sobre ellos. Pasó la camarera con unos platos a la mesa de al lado y le hizo un gesto para llamarla.

—Dígame.

—¿Podría ponerme un trozo de tarta como esa por favor? —Señalando la otra mesa.

—Por supuesto.

—Por cierto, ¿oyó algo de la conversación de la pareja que estuvo aquí?

—Sí, aunque no entendí nada, algo como Rebeca007 y Centauromil, debía ser una broma o un juego porque ambos se rieron. Después se sentaron juntos y ya no estuve pendiente de la conversación.

—Vale, me está ayudando mucho. Gracias.

—Espero no meterme en ningún lío.

—No se preocupe, a lo mejor hacemos la buena acción del día.

Desde el móvil, tecleó esos nombres en buscadores y les llevó a algunas webs de citas, había varias Rebecas pero ningún Centauro. Volvió la camarera con el postre, le enseñó las fotos de distintos perfiles, ella señaló el de una mujer rubia con pelo rizado.

—Es esa.

El joven se abrió una cuenta en la web y envío una solicitud de amistad a la usuaria. Degustó la sabrosa tarta y abandonó el establecimiento unos minutos después. Había empezado a llover de nuevo y el mensaje del escaparate se había borrado por completo.

Al llegar a casa tenía respuesta de Rebeca007, esta había aceptado su solicitud de amistad.
Después de intercambiar mensajes durante un rato y comprobar que aparentemente se encontraba bien, conectaron y decidieron concertar una cita para el día siguiente. Víctor estaba empeñado en averiguar qué le pasaba a esa chica y descifrar su mensaje de SOS. Rebeca007 le emplazó en el mismo restaurante del día anterior, él debía llevar una rosa.
Él llego a tiempo, aunque ella ya se encontraba allí sentada, como si repitiese un patrón, en la misma mesa del día anterior, mirando expectante hacia la puerta. Se reconocieron enseguida y el preguntó:

—¿Rebeca007?

—Sí, veo que traes tú rosa Chicodecampo, siéntate por favor, ambos sonrieron con agrado.

Llegó la camarera que miró al chico con descarada complicidad mientras estés esquivaba su cara.

—Una copa de rosado, por favor, ¿qué te apetece tomar?

—Un Martini bianco, gracias.

—¿Y hace mucho que vives aquí Rebeca?

—Me llamo Bianca en realidad —dijo en un marcado acento italiano—, llevo tres meses, aunque no conozco a mucha gente, por eso me inscribí en la web, ¿y tú?

—Yo me llamo Víctor, soy de aquí, puedo enseñarte la ciudad si quieres.

—¡Estupendo, me encantará!
Pasaron toda la tarde charlando, así Víctor podría conocerla mejor y averiguar su propósito. Primero estuvieron en el bar y después pasearon por el centro, mirando galerías y escaparates de todo tipo y terminaron cenando en una terraza del puerto en una agradable noche otoñal.

—Lo he pasado muy bien hoy Bianca, cuando quieras repetimos.

—Sí, estaría genial, pero tendrá que ser a mi vuelta porque mañana vuelo a Italia para un asunto familiar.

—No me digas, ¿algo importante? —preguntó esperando la respuesta a sus investigaciones.

—Bueno, mi padre ha tenido un accidente y necesita ser operado de urgencia, dijo bajando la vista.

—Vaya, lo siento mucho. Si necesitas algo aquí estoy.

—Te lo agradezco, eres muy amable, no nos conocemos pero pareces una buena persona.

Ella apretó sus manos como signo de preocupación. Él le puso la suya encima en muestra de apoyo.

—No te conozco, pero quiero ayudarte.

Se despidieron y le deseó un buen viaje y pronta recuperación de su progenitor. Pasaron varios días sin noticias de la chica hasta que Víctor le preguntó como iba todo. Estaba bien, su padre había sido operado y estaban esperando ver cómo respondía. Él se alegro, pronto podría ver a Bianca. Pasaron más días y de nuevo sin noticias de ella, este le volvió escribir. Al parecer su padre ya se estaba recuperando, pero necesitaba rehabilitación hasta que pudiera volver a andar de nuevo, de momento estaba en silla de ruedas, lo que llevaría meses y especialistas dedicados a su cuidado. Ella debía quedarse más tiempo. Víctor se impacientó.

—¿Puedo ayudarte de alguna forma?

—Pues a no ser que seas médico me temo que no, pero agradezco tu interés.

Pasaron semanas. Y el teléfono español de Bianca dejó de funcionar, había borrado el perfil de la web de citas. Estaba ilocalizable. Víctor empezó a preocuparse. Imaginó a la frágil mujer junto a su padre día tras día sin descanso y la compadeció, pensó que era demasiado para ella, quizá esa fuese la causa de su petición de ayuda. Recordó el día de su cita. Había sido entrañable, delicada y risueña, sin atreverse a mostrar todo el encanto de su personalidad que fue desvelando a medida que pasaron tiempo juntos. Ella se abrió y le contó cosas de su infancia en Italia: era hija única con un padre protector que quedó viudo muy pronto cuando ella era apenas una niña. Vivió toda su vida en la casa familiar hasta el día que, luchando contra su personalidad dominante, le dijo que se iba a estudiar al extranjero consiguiendo por fin escapar de su asfixiante tutela. Desde entonces había viajado y visto diferentes lugares del mundo mientras su padre envejecía solo en su mansión italiana de empresario adinerado, hasta ese fatídico día en que saliendo a navegar cayó desde su yate golpeándose contra unas rocas y se fracturó la cadera. Víctor recordaba entre lágrimas su historia y no pudo evitar sentir compasión por aquella mujer que solo había querido vivir y que una vez más el destino se lo impedía. Ahora sin comunicación le pareció más dramático. Sin pensarlo dos veces hizo las maletas y voló en busca de Bianca sin decirle nada. Quería ayudarla.

No conocía su dirección pero sabía que su padre era propietario de un importante negocio inmobiliario de Verona por lo que no le fue difícil localizarlo. Se dirigió a la empresa preguntando por el dueño, le dijeron que el encargado de la empresa era su hijo. Se sorprendió ya que Bianca dijo que era hija única pero con más motivo quiso hablar con él. Esperó en una sala hasta que la secretaria lo avisó para entrar en el despacho. Lo atendió un señor moreno y apuesto, se entendieron en un básico inglés porque Víctor no hablaba italiano ni Gianluca español. Al decirle que buscaba a Bianca se le cambió el cordial semblante. Quiso saber para qué la buscaba y si se había metido en problemas otra vez. A Víctor le extrañó oír esto y quiso saber a qué tipo de problemas se estaba refiriendo. Él se mostró como un buen amigo de España con el que había perdido el contacto y ahora que estaba de vacaciones en Italia quiso saber de ella, ya que al cambiar de móvil no la podía localizar. Gianluca resultó ser su hermanastro del primer matrimonio de su padre, dirigente de la empresa que ella no quería ni ver, desde hacía años. La historia convenció al italiano y le pareció prudente darle el número de teléfono de su hermanastra para que el joven se pusiera en contacto con ella, por lo visto él también había estudiado fuera y había hecho grandes amigos. “Estoy de suerte”, pensó Víctor, creyendo que se acercaba a la resolución del misterio de la desaparición de Bianca.

Se dirigió al hotel en dónde iba a alojarse y desde allí marcó el número de teléfono que le había dado Gianluca, era un número fijo. Contestó una voz de mujer. Chapurreando lo poco que sabía en italiano preguntó por la señorita Bianca, de parte de su amigo Víctor y tras una espera considerable al final contestaron. Se escuchó la voz apagada de la joven.

—¡Hola Bianca! soy Víctor ¿cómo estás?

—¿Víctor? ¡Cómo me has localizado! ¿Dónde estás?

—Estoy en Verona, localicé la empresa de tu padre, al no saber nada de ti he venido aprovechando unos días de vacaciones, quería saber cómo estabas.

—Estoy bien Víctor —dijo susurrando—, no has debido venir aquí, todo es complicado.

—Estaba preocupado, no respondías. ¿Cómo está tu padre?

—Sigue recuperándose, me necesita.

—Puedo ayudarte si me dejas.

—Ahora mismo no puedo salir.

—Puedo ir a verte, ¿dónde vives?

Se hizo un silencio.

—¡Via Biondella, 9! —se escuchó en un repentino grito.

Se cortó la línea. Víctor intrigado se dispuso a salir en ese mismo momento. No entendía la situación, el silencio, el grito, todo comenzaba a ser extraño.

Un taxi lo dejó en la dirección indicada. La tarde era húmeda y desagradable. Era una calle tranquila, solitaria, había grandes casas con jardines vallados. Llamó al timbre del número 9, abrió una sirvienta.

—Buon pomeriggio ¿Cosa vuoi?

—Buon pomeriggio ¿Signorina Bianca per favore? sono Víctor, mi sta aspettando.

—Tras una mirada desconfiada le hizo pasar a unas sala para avisar a la chica.
Se escucharon voces en la planta superior y pasos apresurados. No se oían las palabras pero un tono cada vez más elevado, sillas arrastrándose y un golpe en el suelo. Alarmado Víctor se levantó y subió corriendo las escaleras buscando la puerta de donde provenía el ruido, llamando a Bianca. Al llegar a la habitación la sirvienta observaba la escena, Bianca agachada acariciaba una silla de ruedas vacía tirada en el suelo mientras decía apesadumbrada:

—Vamos papá, te pondrás bien, no te desanimes.

Víctor alucinado sin comprender nada miró a la sirvienta que se encogía de hombros.

—Bianca soy Víctor.

Esta apenas lo miró un instante.

—Te dije que hago falta aquí, debes marcharte, se pone peor cada vez que viene alguien.

En la ventana de la habitación, sobre el cristal empañado había escrito un mensaje de SOS.

2 respuestas a “sos”

  1. Interesante trama de misterio, aunque te recomiendo que revises el texto. Se han colado palabras que no concuerdan. Saludos.

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