Sí, efectivamente. Está pasando.

Está ocurriendo, señorías.

David está escribiendo y va a publicar un lunes.

Podéis aprovechar para hacer todas esas cosas que os daba miedo hacer, porque hoy es un día especial y mágico.
Incluso bendecido por Odín, me atrevería a decir.
Id a pedirle ese aumento de horas/sueldo al jefe que sabéis que os merecéis.
Poneos a buscar esa camisa que tan bien os quedaba y que desapareció mágicamente justo cuando empezaba el entretiempo.
Pedidle presupuesto al mecánico por ese ruido extraño que aparece en el motor del coche cuando vais más o menos por Seseña.

Tranquilos, hoy todo va a salir bien.

Recuerdo la época en la que tenía tiempo y no dinero, porque estaba concentrado en estudiar y empezar a plantar semillitas de lo que un futuro acabaría siendo mi profesión. Por entonces pensaba que a más estudio, mayor salario. Pobre iluso. Tendría unas dolorosas palabras con mi yo adolescente si tuviese la oportunidad.

Aunque, eh, no me puedo quejar en absoluto de la vida que tengo. Pero tal y como os comentaba antes, y seguramente más de uno me entenderá, ahora tengo «dinero» y no tanto tiempo.

Pongo «dinero» entre comillas porque hasta que no pueda comprarme y mantener en buen estado un helicóptero, no sabré a ciencia cierta que manejo buenos fondos. Aunque me conformo con poder comprarme y mantener una casa en un futuro próximo, también os digo.

¿Qué?
Ah no. Nada. Acaba de llegar un David del futuro a llamarme pobre iluso y tener conmigo unas dolorosas palabras.
No estoy llorando, se me ha metido un poco de realidad en el ojo.

Es increíble como no puede parar uno de invertir en proyectos y en su propia vida diaria. Pero debo haber empeorado terriblemente jugando al Tetris del tiempo, porque jamás pensé que llegaría a ser ese humano que deja whatsapps sin contestar, da largas a grupos de amigos con los que quiere quedar y que tienen cosas importantes que contar, y que debe realizar planos arquitectónicos casi virtuosos para encontrar tiempo para sí mismo.

Y, aún con todo, parece ser una de las mejores etapas que he vivido desde que decidí no llorar cuando me palmearon el culo por primera vez, como a los diez segundos de vida.
Ni con esas berreé, tú. Menudo susto le di a mi madre.

Recuerdo también con cariño cuando decidí dejar de estudiar, después de meterme en mil historias que, no os voy a mentir, a día de hoy me sirven para poco más que pecar de «titulitis» con la gente que sí le da importancia a eso.
Pensé que iba a tener muchísimo más tiempo los fines de semana, teniendo en cuenta que no debía derivar horas y horas a un compendio de entre 100 y 200 diapositivas cada fin de semana.
Pobre iluso.
-Renfe temporal/billete de ida y vuelta/David del 2020.
¿Quiere añadir conversación realista sobre percepciones erróneas que tenías sobre el futuro por solo 0,50€ más?
-Por supuesto, y unas patatitas también cuando puedas, gracias.

Total. Intentaré por todos los medios seguir saneando las tuberías de este maravilloso palacio que me he ido construyendo poco a poco con sudor y esfuerzo, para que cada vez sea más cómodo y fresco. Me he enfrentado a monstruos más difíciles, no creo que se me caigan los anillos con éste.

También voy a construir una máquina del tiempo en alguna de las habitaciones, por si me da por collejearme atemporalmente si me aburro.
¿Cómo? ¿Que eso es imposible? Me importa un níspero.

De ilusiones también se vive.

2 respuestas a “Sí, efectivamente. Está pasando.”

  1. Te sienta bien escribir en lunes ☺️👏🏻

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  2. Una máquina del tiempo que de collejas también necesito yo, si la encuentras a buen precio me lo haces saber. Gracias

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