Hasta la próxima luna llena tendré tiempo para pensar qué coño es esto que me pasa. A poca atención que me presten, a dos palabras seguidas que me dirijan, a un comentario que me distinga de los demás, caigo rendida y me transformo. Me brillan los ojos, la sangre recorre mi cerebro a una velocidad incalculable y las ideas ingeniosas vuelven a fluir sin fin. Soy una zombi. El hechizo que me despierta es la atención. Sin la mirada de alguien soy una falsedad humana. No deseo, no pido, no busco. Soy una esclava… y me duele la aguja de vudú que una bruja sureña me clavó en la espalda.
Tengo 28 días para morir de verdad. Los demás acabarán conmigo cuando deje de canalizar sus deseos. Me preguntarán y cuando me quede quieta y muda pensarán que soy una zombi. Jajaja, qué ironía, si es precisamente ahora es cuando quiero resucitar pero los alfileres de los ojos no me dejan. Es ahora cuando las costuras de mi boca aprietan y no dejan salir mi voz. Es ahora cuando soy una muerta viviente. Es ahora cuando soy una mentira.
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