Nada al azar

  • Fin de la actividad.

Dice en voz alta y firme Johnny a su Heperion 3000D replegable y con superficie inclinable, recién adquirida. La cinta de correr último modelo es su última adquisición para su gimnasio personal e incorpora todas las tecnologías: control por voz, conexión a la red, app con miles de programas de mantenimiento, cardio, HIIT y algún que otro anglicismo más. No incorpora nada para secarte el sudor que le cae precipitadamente por encima de las cejas y la punta de la nariz, pero para eso tiene su toalla limpia y lavada con ese suavizante que siempre usa y que se trajo de Paris en una tiendecilla al lado de Saint Chapelle.

  • Alexa, prepárame el baño.

Johnny instaló hace ya dos años domótica en toda su casa y controla por voz absolutamente todos los procesos de su vivienda. Con la orden que le acaba de dar a Alexa, se ha abierto el grifo del agua, que está configurado para salir exactamente a 38,4ºC. También tiene configurado el cierre de la bañera para que se llene exactamente hasta 12,5 cm., porque a Johnny le gusta sentir los pies calientes mientras se ducha.

Johnny trabaja en su casa. Hace tiempo que alcanzó la libertad financiera. Le gusta decirse que forma parte de ese selecto grupo de personas que no supera el 1% y que consiguen ingresos estables después de hacer un curso de trading por internet. Johnny siempre estuvo en ese grupo selecto, sólo era cuestión de tiempo que cristalizase en su maravillosa vivienda con domótica y todas las comodidades de la fantástica vida moderna occidental.

Es muy afortunado, pero tiene lo que se merece. Él nunca se ha dejado acunar por la molicie y siempre tomó las decisiones que lo llevaron al éxito. Nadie decidió por él ni le echó cable alguno. Era un auténtico “self-made man”.

Hoy tiene que conducir y a la misma vez que elige traje en la pantalla táctil de su vestidor mecanizado, está pensando qué coche llevarse. Hoy tiene que impresionar, así que se llevará su Bentley Bacalar. Lo adquirió en el Salón Privé que se celebró en 2020 en Blenheim Palace, en el parque de Woodstock. Valía dos millones de euros, pero él tenía contactos en la firma y lo pudo incorporar por un kilo y medio nada más.

Con su traje de 4.000€ y calzado en aquel coche, dejaría boquiabiertos a los socios de “Financial Jaws”, un fondo buitre con el que esperaba hacer negocios hoy. Sí, el nombre era algo ridículo, pero les representaba bien. Incluso a él, que siempre se había considerado un tiburón de las finanzas.

  • Alexa, maniobra de despegue.

Así de cursi es Johnny. Bajo esa grandilocuente frase se codifica la orden para que Alexa abra la puerta del garaje y accione el sistema de seguridad a su salida por la puerta del mismo. En su diálogo interior, Johnny se decía frases como esas continuamente. Todas escuchadas en series americanas de Netflix. Johnny no consumía mucho tiempo viendo la televisión, eso era más propio de la morralla, como llamaba a la parte de la sociedad que pertenecía al anodino 99%, pero una vez a la semana sí se permitía ver la serie que la plataforma de streaming le recomendaba basándose en un montón de parámetros que Johnny volcaba en su perfil de usuario. Hasta las pulsaciones en reposo que su Garmin 4500 HPF plus registraba durante la noche, podían ser utilizadas para entrar a formar parte del algoritmo que calculaba sus preferencias para ver series. Porque Johnny no veía películas. Él siempre veía series y por supuesto que no iba a perder el tiempo divagando qué serie ver. Alexa sabía que Johnny vería la televisión el sábado de 19h00 a 21h00 y para esa hora programaba el visionado de lo que fuese que el algoritmo hubiera decidido que debía tragarse Johnny ese día.

Johnny conduce ufano por la avenida principal saboreando su éxito a cada kilómetro recorrido. En su diálogo interno no para de congratularse de sus decisiones y maravillarse de los resultados que éstas invariablemente producen. Nada de lo que le sucede es producto del azar porque ha analizado y medido todo. ¿O acaso no tuvo repercusiones la decisión de no atarse emocionalmente a nadie? Claro que las tuvo: Johnny era libre y dedicaba su tiempo a lo que le parecía bien y producía réditos. Una o dos veces a la semana contrataba alguna escort de lujo, de esas que tenían conversaciones medianamente cultas y cenaba con ella en algún sitio de lujo. En su casa daba rienda suelta a su libido y si te he visto no me acuerdo. Johnny lo tenía claro y no iba a ser uno de esos pringados que terminaban enamorándose de una puta y contándole sus mierdas. Una vez satisfecho, pagaba y le pedía amablemente que se fuera, que iba a ver una película. Eso les decía, pero nunca lo hacía, simplemente se tomaba una copa de Remy Martin y se miraba al espejo complaciéndose una vez más de su inmensa suerte.

En el salpicadero digital de su Bentley le ha salido un aviso a Johnny diciéndole que la pasada noche, su pulsómetro registró dos paradas anómalas y acto seguido se visualiza en pantalla la llamada que está haciendo a su cardiólogo para comentarle este aspecto. Le ha pasado un par de veces y ambas le dijo el facultativo que los dispositivos de muñeca, por muy fiables que sean, en el movimiento natural del sueño profundo, es muy normal que dejen de registrar unos segundos debido a la posición de la muñeca. Johnny ya lo suponía, pero para algo le paga al médico una derrama mensual, por tanto bien hecha está la llamada, se dice.

Como Johnny tiene cita con el CEO del fondo buitre, la puerta del garaje reconoce su matrícula y le abre la puerta. En el salpicadero lee un mensaje de bienvenida diciéndole que aparque en el sótano -1, en la plaza de aparcamiento número 2. La plaza está justo al lado del coche del directivo de la empresa y otro mensaje le indica que use el ascensor directo al despacho del CEO. Desde luego es un honor que a pocos se les dispensará, piensa Johnny. Es como el protocolo del presidente del gobierno cuando recibe a alguien. El presidente puede optar por esperarlo arriba de las escaleras, bajarlas o incluso llegar a la puerta del coche de su invitado. Johnny se sonríe porque piensa que el equivalente al trato que le están dispensando sería que el presidente del gobierno le comiera la polla al invitado en el coche.

Johnny entra en el ascensor. Está tumbado en una camilla y desde su posición observa la barriga prominente de un enfermero que lo ha traído hasta ahí. No puede hablar. Ni siquiera es capaz de articular las mandíbulas. No puede mover los brazos. No puede mirar su pulsómetro. No puede llamar a su cardiólogo.

Johnny nunca se leía las advertencias e instrucciones de los muchos aparatos tecnológicos que se compraba y en la primera página del PDF descargable de su pulsómetro lo ponía bien claro:

El Garmin 4500 HPF plus está equipado con sensores de ultra precisión que en ninguna ocasión pueden ofrecer lecturas erróneas o discontinuidades. Si observa comportamientos anómalos en las gráficas nocturnas, avise inmediatamente a un cardiólogo especializado del listado que le ofrecemos a continuación.

El cardiólogo de Johnny no estaba en esa lista y Johnny tenía razón una vez más:

Nada ocurre al azar.

2 respuestas a “Nada al azar”

  1. Agobiante en crescendo.
    Muy bueno.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias. Me guardo el término para las indicaciones del tempo de una partitura: Andante con moto y agobiante in crescendo. Guapísimo.

      Le gusta a 2 personas

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