Microrretrato VI – (In)frecuencias

Comencé a practicarlo porque me lo recomendaron. Lo del podcast por el telefonillo, digo. Me lo dijo mi peluquero: que si tantas ganas tenía de hablar, por qué no me dedicaba a grabar un programa de radio de esos que se escuchan tanto ahora. Un “podcast”. Ya lo escribo y lo pronuncio bien, ¿veis? Cuestión de practicarlo. También me lo recomendaron. Lo de intentar decirlo bien. En el segundo episodio, un oyente que pretendía tener un rol más activo me gritó: “¡Aprende a hablar!”. ¿En qué quedábamos? Unos me decían que lo de hablar se me daba demasiado bien, otros que tenía que aprender… Yo obedezco a unos y a otros, por si acaso.


Lo de hacerlo a través del telefonillo fue porque no manejo las cosas del internet. Y los podcast suelen ser cosas del internet. Me dio la idea un cartero comercial con el que estuve hablando durante más de dos horas sobre unas ofertas del Carrefour. En los útlimos diez minutos de conversación casi no podía sostener el auricular del telefonillo y me temblaban las piernas por estar tanto tiempo allí de pie junto a la puerta de casa. Entonces fue cuando el cartero comercial dijo: “Bueno, me largo, que esto parece un podcast”.


Al día siguiente, tras pensarlo durante toda la tarde, coloqué dos de los taburetes altos de la cocina junto al telefonillo. En uno me senté yo, mientras que en el otro apoyé una botella de agua, papel y boli. También un paquete de pañuelos y unos caramelos para la garganta. Descolgué el aparato y comencé a hablar. Normalmente, los comienzos nunca son fáciles. Al principio mi audiencia rondaba los cero oyentes. Cambié varias veces el horario de emisión y por fin conseguí alcanzar un público considerable los viernes entre las 20:00 y las 22:00h: un grupo de chavales y chavalas que suele sentarse en el escalón del portal a fumar, comer pipas y mirar el móvil. Tuve que ajustar los contenidos porque en principio tenía en mente un material para gente algo más adulta. Pero estoy contento, mis oyentes son bastante fieles, no se pierden ni un programa; y cuando lo van a hacer, avisan con una nota que pegan con chicle en el portal: “El próximo viernes no nos esperes, Severino, que tenemos Fabrik”.

Esos viernes en los que no están, emito el programa igualmente por mantener la rutina y entrenar la voz y la retórica. Pero es cierto que le pongo menos ganas y a veces lo termino unos minutos antes. Pidiendo disculpas, eso sí, por si alguien estuviese al otro lado.

6 respuestas a “Microrretrato VI – (In)frecuencias”

  1. Jajajajaja, me encanta!

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  2. ¡¡¡Gracias, Hanna!!! 🙂

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  3. Muy bueno 👏🏻👏🏻👏🏻

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  4. ¡¡Gracias, @brujaindie!!

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