El informe (parte 2)

Ha pasado un año. Al final no llegué a entregar el informe. Era enero de 2022, aquella tarde me encontraba bastante a gusto de sobremesa mientras leía El señor de las Descripciones, de Tolkien. Supongo que los carajillos ayudaron. “El ayuntamiento puede esperar para dar a conocer en qué ha gastado el dinero de los contribuyentes”, pensé. Al parecer no, y empezaron a rodar cabezas.

Me despidieron, o me despedí, no estoy seguro. Fue consecuencia inevitable después de cinco meses y tres semanas odiando mi rutina. Atrás quedaron los días de poner caras agradables y fingir entusiasmo por hacer rico a un tipo que no sabes ni cómo se llama. Así no sabes qué coche rayar cuando te largan. Toda esa parafernalia sólo vale si eres un recién graduado o piensas que LinkedIn es la vida real. “A tomar por culo el salario emocional, a mí págame con dinero, hijo de puta”, pensaba cada vez que leía a mi jefe en ese estercolero de hippies con corbata. Lo peor es que el cabrón me “sugería” insistentemente que le diese uso a la cuenta en la red social. Por supuesto, cambió de idea cuando lo único que publicaba eran traducciones de sus eufemismos usados para edulcorar la esclavitud de cuello blanco. Me transmite mucha paz el recuerdo de mis últimos momentos en la empresa:

– Esa actitud no se corresponde con la filosofía de la compañía – me dijo el jefe de Recursos Humanos al otro lado del escritorio en su despacho.

– Mariano, eres el muñeco de ventrílocuo del jefe, no me extraña que tengas esa voz con su mano metida todo el día por el culo – respondí indiferente.

– Por favor, recoge tus cosas y vete, estás despedido – continuó aclarándose la garganta visiblemente incómodo.

– Sé cuál es tu coche, gilipollas – sentencié sonriendo tras levantarme despacio de la silla.

Soltó una especie de gemido mientras se le arrugaba la cara, pareció que se fuese a cagar encima. “Que es broma, joder”, quise transmitirle con una peineta desde fuera del cubículo, a través de la pared de cristal. En realidad bastante desgracia tenía ya con conducir un Fiat Multipla, el vehículo más feo del mercado.

Aún me da que pensar la ingente cantidad de personas que existen como él: trozos de mierda que se creen reyes dentro de su burbuja. Me consta que en casa de Mariano mandan más sus suegros que él, pero en el departamento se monta sus películas. Es uno más entre millones, seres que son sólo números perpetuando el sistema que los tiene esclavizados. Pasará los próximos 20 o 30 años calentando esa silla, con la mano del jefe metida por el culo, hasta que se jubile o muera. Estoy seguro de que llegará un momento en su vida en el que él mismo deseará más lo segundo que lo primero. También sus suegros.

Una respuesta a “El informe (parte 2)”

  1. Vaya. Texto crudo y muy cargado de emoción para empezar el año. Qué pena que todos nos veamos reflejados en este texto, todos hemos pasado por ahí. Y pasaremos más.

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