ABRACADABRA

Si pudiese pronunciar, al menos,

esas mágicas palabras:

la llave maestra 

que abre todos tus cerrojos.

Un desamor la vino a robar

y la tragué para esconderla.

Se alojó en mi pecho

y ahora abre, tan sólo,

la puerta de los anhelos,

el cofre de los sueños

de perderme entre tus brazos

de saciarme entre tus labios,

 tus muslos, tus senos.

Sueño volar entre los límites

que marcan el cielo de tus ojos

y las olas de tu cuerpo:

ese horizonte, ese paisaje, ese universo.

Despierto y vuelven a girar

las grandes ruedas dentadas.

La gran máquina se pone en marcha

y llena el aire de humo gris

y aparece tu sonrisa

como el sol al alba y amanece;

quema la llave en mi pecho

que sube hasta mi garganta

y trago profundo.

¿Y si la ven y me la roban

antes de poderla girar

en la dorada cerradura?

Vuelve el sueño persistente

con los ojos bien abiertos,

apretándolo entre dientes.

¡ABRACADABRA!

Y vuelvo a ser invisible…

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