MARY CHRISTMAS

Tarde de Navidad y soy más Scrooge que nadie. Hace tres días que cuento con un año más y dispongo de un año menos. Sola, esos congéneres que parí y de los que cuido y mantengo están con el padre. Ese que puso su semilla y más tarde barreras insalvables conmigo mano alzada.

La re-programación en estos días sirve para recordarme que tengo que disponer de varias cifras en la cuenta corriente para sentirme realizada, algunos bolsos de marca, ropa cara, teléfono de manzana mordida actualizado, muchos amigos felices y maravillosos y una familia ideal. Además, entre otras cosas, es importante tener en cuenta que no soy nadie si no tengo pareja. Si alguien está solo por Navidad es peor que en pleno agosto, da lástima al resto del mundo cuando anuncia que no hará nada especial, y desde la compasión y boca pequeña le medio invitan a sus casas con su familia, pero deseando que rechace el ofrecimiento porque no interesa.
Por eso, porque al estar sola soy un ejemplar peligroso para el resto de humanos emparejados: si él se acerca, la mujer puede creer que coqueteamos con vistas a algo y si ella toma cercanía, él puede creer que pueda convencerla de las bendiciones de la soltería.

Silencio en casa, ninguna película es digna de mi aburrimiento ni serie alguna distrae mi preocupación. Estoy perdida, ahora que logré la seguridad sobre lo importante, la cordura sobre lo superficial, y literalmente no sé qué pasará el mes que viene en mi faceta laboral. Estoy jugando a la ruleta, apostando por lo que creí al salir del infierno como un extintor bendito y que no acaba de arrancar. Las anillas atascadas explotan las granadas antes de tiempo, casi siempre en mi cabeza derramando vida desde el pecho.
Los dolores de cabeza son más frecuentes, estando frente a la ventana, con la química granulada en mi taza, sostengo el remedio que dejará de martillear mi sien. Como un recordatorio perenne en forma de culpa, como el segundero estropeado de un reloj que avanza y retrocede sonámbulo y permanece en el mismo sitio.

No todo es malo, desde hace más de un año he aprendido a decir ‘no’. Y cuando no me nace llamar a nadie, no lo hago, cuando no quiero ver a alguien, no lo hago. Mis cumplidos se han reducido considerablemente por aquella infantil costumbre de agasajar y según mandato materno. Y además, con sarcasmo y calma, protesto contra todo aquello que no me ajusta bien. Creo que estoy en el camino.

Releo los mensajes de mi cumpleaños, este año han acudido nuevos remitentes que daba por perdidos y aún otros que esperaba no teclearon nada. Pasó el día rápido, ligero, como a cámara rápida, notaba que quería estirarlo, esperando lo que sabía que no sucedería, algún anhelo inconfesable, alguna casualidad rezada. Hasta aquel que aparece certero una o dos veces al año, aquel que recibió mis roncos besos y al que acogí como una intérprete su arpa, pulsando cada músculo de su pecho y su espalda, me deseó solo felicidad, parco y tardío.

Según lo leído, me parece que voy a aprovechar para enviar estas letras como carta de regalos y reclamos al señor barbudo de rojo o a los tres inmigrantes monárquicos que conceden deseos. La quemaré en la chimenea, por si, como a Mary Poppins le traen el trabajo deseado o, por si, quizá, esta noche, con nocturnidad, alevosía y retraso, vinieran a visitarme los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Lo pesado y lo patente ya lo conozco. A estas alturas conocer el futuro no me sorprendería.

Firmado: Mary.

Una respuesta a “MARY CHRISTMAS”

  1. Que importante eso de aprender a decir que no 🙂

    Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: