«Volaréis»

Te buscaban la mirada. Te desafiaban sacando pecho. En esa ciudad, los pájaros iban ganando confianza. Las palomas apenas se echaban ya a un lado en las aceras, más bien tenías que esquivarlas, hacer lo que pudieses para seguir tu camino, que desde hace meses ya era más suyo que tuyo. Un día, una de ellas me pidió la hora. Y no creo que fuese porque le importase saberla, sino más bien para decir «¡eh, aquí estoy, se acabó lo de pasear como si nada, no vamos a apartarnos más, cuidado! ¿Me oyes? ¡Cuidado!». Y el tono fue como de advertencia y amenaza.

Dos semanas después, un grupo de gorriones me echó de la terraza de un bar. Simplemente se posaron cinco de ellos en la cesta del pan, con sus patas agarradas fuertemente a la telilla florida que adornaba el interior del recipiente. Me dijeron que me acabase la bebida, que dejase la ración de patatas alioli sin tocar y que me largase por donde sea que hubiese venido. Sin aspavientos, sin levantar la voz, solo mirándome fijamente con sus ojos negros e impasibles. Me levanté, pagué la cuenta y me fui alejando con la dignidad a rastras, dejando un reguero de miedo viscoso como la baba de un caracol.

Esa misma tarde, mientras sacaba la basura, sentí movimientos sobre mi cabeza. Agarrando con una mano la tapa del cubo semiabierto, y la bolsa rebosante con la otra, levanté la vista para observar cómo cientos de vencejos y golondrinas, en un baile coordinado, formaban con sus cuerpos una palabra móvil en el cielo. Parecía querer ser algo así como un mensaje para toda la ciudad. Decía «Volaréis», con una caligrafía impoluta y la «V» así, en mayúscula. Dejé caer la bolsa, que estalló sobre la acera gris. Hordas de gaviotas se abalanzaron entonces para disputarse los desperdicios desparramados, milésimas de segundo antes de que la tapa del cubo de plástico cayera con un golpe seco y espantara a algunas de ellas. Retrocedí varios pasos caminando de espaldas. Abrí el portal temblando, sujetando las llaves con ambas manos. Subí a casa y comencé a meter la ropa, los medicamentos, los libros y los cuadernos en bolsas y maletas. Escapé con lo que pude. Y volé. Volamos.

4 respuestas a “«Volaréis»”

  1. Que bueno, Hitchcock estaría orgulloso 😋🙌

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    1. Avatar de alberizquierdo
      alberizquierdo

      ¡Eso o me denuncia por plagio! Jajajajaja ¡Gracias! 🙂

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  2. He disfrutando leyéndolo tanto!!

    Le gusta a 2 personas

  3. ¡Grande! Yo iría tomando medidas ya, antes de que las aves nos pidan la hora.

    Le gusta a 1 persona

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