UNA Y ACCIÓN

Esta noche toca atrás. Nos sentamos en las últimas filas, manías de Guillermo, dice que el espectáculo es mayor; yo prefiero del medio adelante. Así que hacemos una de cada.

Luces abiertas, no ha empezado la sesión. El patio de butacas no muy lleno, más concentrado en la mitad hacia la pantalla. Delante de nosotros una mujer de unos treinta, muy atractiva, sentada sola mirando el móvil, mi marido y sus palomitas, yo como siempre buscando historias ocultas, auténticas o imaginarias en caras y gestos.

Aparece por el hueco de la escalera un hombre joven, de unos treinta y largos, con aquellas canas que hacen guapo, cejas muy enmarcadas. Mira a todo el auditorio, parece que busca a alguien. De pronto mira a lo alto, hacia nosotros y parece tenerlo claro. Sube esos ridículos escalones que, larguísimos, no te dan para una zancada pero tampoco para dos.
Noto perfectamente que ya ha encontrado su lugar. Se encamina directo hacia la fila de delante, mirando a la mujer joven, ella no se ha percatado porque sigue enfrascada en su móvil. Él se sienta justo a su lado habiendo butacas libres por doquier, es entonces que ella parece salir del ensimismamiento. Él le sonríe brevemente, ella sonríe más por compromiso y continúa con su pantalla particular. Pues no, no se conocen. A ver si mi marido va a tener razón y voy a ver un corto en directo y sin pagar.
Se apagan las luces directas, solo quedan las de cortesía anunciando más suculentos estrenos que prometen excitación máxima… excitación que por lo visto ya ha empezado en nuestro vecino de delante: poco a poco apoya la mano, el brazo, hasta el codo en el reposabrazos que comparte con ella. La mujer, notando la aproximación, toma el refresco y absorbe por la pajita, creo que algo incómoda. Guillermo se da cuenta que no miro la pantalla, me da un codazo y me señala la proyección con la cabeza. Yo le devuelvo el codazo y le señalo la danza del macho.

A continuación fue todo un plano secuencia y a la primera. Él escabulle una mano en la entrepierna de ella, que se revuelve fuera de sí y le propina soberana bofetada efecto puñetazo. Un grito de rabia y otro ahogado.
El público se gira ante tal escándalo y la escena continúa, los protagonistas en plena improvisación.
-… ¡Y eso para que te enteres de una vez! ¡Cuántas veces vas a acosarme más, la próxima vez llamaré a la policía!

Todos los ojos incrédulos, asombrados, silencio sin respiros apenas.
Se dirige a las escaleras difíciles y tropieza con la maldita moqueta intentando paso tras paso enderezarse, pero con caída estrepitosa justo delante de la pantalla. Un grito contundente indica rotura de algo serio, una pierna inmóvil y acto seguido en grito mudo se muerde los nudillos impotente.

No pude evitarlo, lo hice, con medias luces bajé con cuidado hasta el accidente, teléfono en mano, mientras anunciaban el próximo estreno de Superhéroes en la pantalla y llamé a emergencias, volumen efecto Dolby Surround.

-Buenas noches, no es vida o muerte pero sí urgencia. Aquí, Cine Maremagnum, un señor se ha propasado con una desconocida y seguidamente ha recibido castigo del karma bajando la escalera, porque parece haberse roto algo, esta pierna está muuuuuy retorcida… (…) No se puede mover, no se preocupen. (…) Eso se lo tendrán que preguntar a la mujer que está esperando a que empiece Top Gun. (…) Se lo digo, muchas gracias… Por favor, ¿podrían venir antes que empiece…?

Media sala aplaudiendo antes de ver a Tom Cruise en pantalla.

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