La carta: hasta siempre

Aunque en un principio se sentía algo débil por las emociones que le embargaron, me pidió fuésemos a dar un paseo. El bonito parque que cruzaba en mi habitual recorrido fue nuestro destino; decidiendo hacer un descanso, nos sentamos en el banco frente al estanque. 

_ Que hermosa puesta de Sol! Darlene siempre me sacaba al jardín del improvisado hospital momentos antes de su ocaso, le resultaba tan bello sus matices anaranjados. 

Yo lo comparaba con el tono de su pelo! 

_ Cuando te vi por primera vez me recordaste tanto a ella, casi su mismo tono de cabello, el verde de sus ojos … su mirada picarona me dibujó una sonrisa, con aquel gesto de mis ojos yo también se la dibujé 

a el. 

_ Se que pensaste de mi aquel primer día en que mis ojos parecieron comerte. 

Soltando una risita nerviosa … 

_ Fui una mal pensada, no tengo excusa!

 Después de días viéndonos sin atrevernos a dirigirnos la palabra, pregunté a la señora Helen; me dijo eras una bellísima persona, aunque en una primera impresión para cualquier desconocido fuese la de un hombre un tanto grosero y serio. Aun después de eso y a pesar del respeto que me suponía dirigirte la palabra, decidí romper el hielo. 

Aquel tropezón y caída al suelo fue mas que premeditada! Robert soltó una corta carcajada, yo le seguí. 

 _ Desde aquel instante se creó algo hermoso que fuimos solidificando con el paso de los días. 

_ Así es, algo que siempre perdurara hasta el fin de nuestra vida!  

_ Justo lo que me dice ella en su carta. Los dos a la vez recitamos otra frase que ella añadió. 

_ Y nos llevaremos allí donde estemos para seguir disfrutando de ello. Apoyando mi cabeza en su brazo dejé escapar un suspiro. 

_ Me hubiese gustado tanto haberla conocido en persona, aunque bien podría decir que ha sido así; me has dado tantos detalles sobre ella. El pasó su brazo por encima de mi en modo de abrazo. 

_ Tu sensibilidad y empatía para conmigo a logrado eso. 

_ Sabes, creo que el destino ha querido que fuese yo quien encontrase la carta, tu carta. El destino jugaba un poco conmigo haciendo que pasasen los días, esos en los que buscaba información para escribir una bella historia dentro del horror de la guerra. La tenía tan cerca! Pero hoy por fin se ha mostrado! Mirándolo con ternura.  

_ Escribiré vuestra historia! Eso claro está, si me das permiso. 

_ Mi preciosa e encantadora María, creo que no habría otra cosa que me hiciese mas feliz! Yo le puse carita, el carraspeó.  

 Eso, que no me olvides y que nunca dejes de quererme! Yo giré los ojos bromeando. 

_ Quizás pido demasiado! Yo reí. 

_ Nada es demasiado! Señalándome el corazón _ Ya hace que te tengo guardado en mi cajita fuerte, de aquí es imposible salir! El me sonrió dulcemente. _ Tu también estás en la mía! Sabes que significa eso? De nuevo a la vez, citamos una frase de la carta. 

 _ Condenados por siempre al amor!  

_ No podría pedir mas, me siento tan inmensamente afortunada! El me besó cariñosamente en la frente. 

_ Nos vamos? Está anocheciendo, tu habías quedado con Brenda para cenar y yo ya necesito descansar. 

Ha sido un largo día repleto de emociones!

_ Está bien, te acompaño a casa! Dijo vendría a recogerme, el Luisiana está de paso.

_ Buena elección, el servicio es muy bueno y la comida también. 

Cenaréis muy bien!  

De camino a casa seguimos hablando de otras muchas experiencias junto a Darlene; le dije que tenía información mas que suficiente para ponerme a trabajar de lleno en mi escritura, que pediría ayuda y consejo a Brenda entendida en el tema. 

  Tras haberme despedido de Robert con un emotivo abrazo y decirle que no descuidaría nuestras citas por mucho trabajo que tuviese, me marché a casa a asearme y cambiarme; en poco escuché el claxon del coche de Brenda, salí enseguida. Cuando pasamos frente a la casa de Robert parecía estar esperándonos para desearnos una feliz velada; ambas le contestamos graciosamente. En la cena conté todo a Brenda detalladamente, ambas nos emocionamos; le expliqué que era la historia de Robert y Darlene la que quería contar, darla a conocer, que necesitaba de su ayuda y consejos; ella acepto encantada. 

     Ese dieciocho de junio de dos mil veinte fue el último día que hablé con Robert; ese Domingo fui a verle para explicarle, allí en su mecedora parecía dormir placidamente con su carta sobre el pecho. Le lloré con todo el amor que le proceso, pero lo sigo manteniendo vivo en mi corazón, pensamientos y en mi libro. Si, publiqué mi libro. » 1944 :Carta a Robert” tuvo buena acogida; conservo el original con la carta entre sus páginas y el libro de Robert junto al mío, Brenda tuvo el detalle de regalármelo, me dijo que no podría estar en mejores manos, siempre le estaré agradecida: amigas por siempre.   

 P.D: La guerra puede llegar a destrozar todo a su paso, pero al Amor nunca le ganará la batalla.

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