«Lamer un cerebro»

Supongo que es por la primavera, no lo sé. El caso es que me siento en un momento bastante dulce de mi vida. No suele ser mi modus operandi, ni mi sentimiento predeterminado con el que afrontarla. Aún así, me alegra saber que esa parcela existe en mí. Es un sabor que echaba de menos, y pensé que tenía esa parte de mi córtex totalmente anulada. 

Quizá la parcela que tenía apalabrada anteriormente era un poco más despreocupada. Quizá hasta un poco optimista. Tardé bastante en saber el poder que tenía para salir de una cárcel social autoimpuesta, y sentir que había un mundo ahí fuera deseando ser descubierto. Y el hecho de verme obligado a hablar con tanta gente a lo largo del día pudo haber ayudado bastante a conseguir esa sensación final de seguridad todopoderosa, confianza, y extroversión. La época salada, que me sirve como brújula, o como torre guía en el horizonte a la que sé que debo encaminarme si me pierdo. 

Sin embargo, y como una droga que soy incapaz de dejar del todo, la melancolía salpica aleatoriamente cualquiera de las eras que me componen. Esa sensación de “estar bien cuando estás mal”, porque te sientes vivo, porque sientes que los nervios cardíacos se sacuden el polvo y vuelven a vibrar. Sientes que sientes. Pero es una sensación muy ácida, ¿No? ¿Cómo eliminas el componente nocivo de manera consciente? Si “cuando pica es porque está curando…”

Y en lugar de eso, cuando te quieres dar cuenta estás eliminando inconscientemente el componente placentero y confortable para quedarte solo con el amargo. Solo la gente que ha mantenido esa dieta durante demasiados días, y ha tenido el valor y la fuerza de buscar nuevas recetas, sabe a ciencia cierta que no es plato de buen gusto, pero también que, aunque parezca imposible, llegará un día en el que vuelva a apetecerte de nuevo un arroz a la cubana, o unas bravioli con cervecita. Quizá hasta una chocolatina, quién sabe. En un futuro eh, sin presiones.
En resumen, no se trata solo de los distintos sabores que, deliberadamente o por sorpresa, nos vemos obligados a paladear, sino también de nuestra actitud hacia ellos. Las preferencias existen, pero en la variedad está el gusto. Y la amalgama de éstos suele quedar rico. 

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(Aún así, y sabiendo lo importante y valioso que sé que soy, siento que jamás llegaré a entenderme del todo. Umami)

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